APUNTE DE LAS RELACIONES HUMANAS XV. De las profundidades del alma y la incapacidad.


         Uno a veces cree que si hace las cosas bien, si es bueno con los demás, si cuida, se transparenta,  da lo que entiende como mejor de sí mismo y abre su corazón sin miedo,  por ende recibirá algo similar, no porque lo haga para eso, sino por la naturaleza de las cosas... 

La vida no es lineal y no siempre es justa, y uno no obra bien tampoco todas la veces. En ocasiones nuestra incapacidad aparece y algunos al verla prefieren huir en vez de enfrentarla, digamos que en el mejor de los casos, cada uno estamos en procesos distintos, y no siempre coincidimos... 

Nos llenamos de preguntas, porque quizá en el fondo todos buscamos lo mismo, en nuestra profundidad, una explicación para nuestra existencia, con el temor de que no llegue, nos preguntamos sobre el amor, la vida o la muerte sin terminarlo de entender, y nos llena de curiosidad o incertidumbre, independientemente de la postura que tomemos frente a ello, no dejará de ser uno de esos puntos en dónde todos nos encontramos. Pero junto a esa necesidad y deseo de amar y ser amados estamos también llenos de temores, algunos ambivalentes, con miedo a enamorarse y perder, al rechazo y al abandono, al dolor y su verdad, sosteniéndonos  entre la sed y la sobre mesura, por si acaso, para no tener líos, para no decir la verdad, para no mostrar nuestras imperfecciones, para no sufrir... para que nadie note la incapacidad  de sostener nuestra responsabilidad del como afectamos a los demás, del como somos capaces de herir,  y apartar de nuestra vista la fragilidad de nuestros vínculos humanos, por lo incomodo que es verlo,  pero no es más que otra de nuestras falsedades.

¿Qué es lo que hace a uno digno de cuidado?...  Necesitamos viva,  fugaz, pasional la ilusión, la esperanza que nos hace sentirnos que todo tiene un sentido, que le somos importantes a alguien, que le somos atractivos, que no estamos solos, que existimos y que nuestra existencia tiene algún dejo de trascendencia. Quizá no buscamos aceptación, sino reconocimiento, ser vistos como alguien que siente, en que no importa que seamos diferentes, sino que exista alguien que quiera entender nuestra diferencia.

Ser honesto no es fácil, enfrentar al otro a hacerle ver nuestro desinterés o aversión implica valor, como sopesar el rechazo cuando se está del lado de las palabras que caen como balde de agua fría. Son posiciones que más vale decidir  aprender a sobrellevarlas, pues ahí están, en las que uno se encontrará en la vida de un lado o del otro una y otra vez, según el caso. 

¿Qué sale de ti entonces, mas allá del chequeo matutino y la jornada diaria, de lo que burocráticamente debes hacer? de lo que les dices a los demás que piensas? de lo que te cimbra todo por dentro?...  Entonces eso busco, quiero verlo y degustarlo, saber que existe fuera de mi mente,  eso que casi todos le temen, yo temo que no ocurra jamás,  eso que corre por las venas, tu venas y me arrebata el espíritu, esa fuerza que vibra por dentro,  lo demás ya esta por sentado.  

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