De lo que hacemos...

El otro día escuche historias de personas que disfrutan de ir al teatro, a un concierto, ver pinturas, o al cine, que cuentan emocionados lo que perciben, lo que les llama la atención, lo que los estremece. Preguntan entusiasmados tratando de averiguar como se ve el mundo desde este otro lado, desde el que produce arte, con curiosidad en el como son nuestras extrañas vidas. 

Una vez un amigo empresario decía que nosotros los artistas deberíamos de tener vidas muy locas y emocionantes, "es lo que los distingue de nosotros",  me decía, "ustedes deben permitirse tener esas vidas que nosotros no, y eso plasmarlo en una obra que es lo que nosotros no podemos hacer" y he conocido también muchos productores de arte que no pueden tener una vida y una visión mas cercana al status quo impuesto por una sociedad, es decir, de lo mas normal del mundo. 

Hace algunos años conocí a Laurie, él era el marido de Carmen, tenían una relación muy bonita que irradiaba amor, cuidado, complicidad y mucha paz. Carmen llego al estudio con una amiga un día buscando clases prácticamente como terapia, por problemas de salud. No paso mucho tiempo para reconocer que nos entendíamos bien, me gustaba mucho estar y hablar con ella. Fuimos varias veces a su casa o salíamos a restaurantes. Cuando estaba en su casa destacaba en la salita el teclado de Laurie que yo no perdía de vista, él tocaba el piano y en ese tiempo yo escuchaba música clásica prácticamente todo el día en el estudio, una fanática total de la opera. Carmen me decía que estar en el estudio le hacia sentir como si Laurie estuviera ahí, puesto que en casa tocaba con regularidad. Un día que salimos a cenar Laurie confeso que él tocaba música pero era incapaz de sentir, yo me quede congelada,  se autodescribía como un técnico que sabe hacerlo, pero no siente, entonces no le encontraba sentido, solo tocaba... "no tengo la sensibilidad", decía... Sin embargo, le escribía pequeñas cartas de amor a su mujer, estaba al pendiente de la gente que conocía, tenía una calidad humana impresionante, y cuando la salud de Carmen empeoro lloraba con mucho dolor. Me gustaba verlo, siempre vi en sus ojos un cargamento de sentimientos, de sensibilidad, que ni su ser financiero, y práctico podían cubrir. Escuchaba siempre sus palabras con mucha atención, y no volví a ver sus ojos brillando como en esa época. 

He conocido alguna gente así, otros que quizá jamás entraran gustosos por voluntad propia a un museo a contemplar arte, o pondrán un pie en el teatro, y muchísimos que no comprarían arte por nada del mundo aunque pudieran hacerlo pues no le otorgan el valor, pero que sus ojos irradian humanidad.

El mundo desde aquí no es mas o menos espectacular, en mi caso, creo que soy tan ordinaria como cualquiera, pero tengo los ojos siempre abiertos a lo que nos pasa como seres humanos, a entendernos, a sentir,  a reconocer cuando se nos llena la panza de mariposas, nos hierven los intestinos o se nos eriza la piel, cuando se nos congela la boca, o el pecho retumba cimbrando cada arteria, de dejar correr las lagrimas que no hay razonamiento que pueda contener y los vellos se sostengan levantados en agudo. En mi caso no quiero dejar de sentir la brisa que me levanta los cabellos para salir flotando y nos sostiene lo humano que somos. De palpar la soledad y la búsqueda de entendernos en nuestra masculinidad o feminidad en un extraño acompañamiento  de un otro  que siente igual pero no le conoces.. es lo que tenemos, nos hace sentirnos a nosotros mismos  que existimos, que estamos aquí solo un momentito, que vale la pena estar aquí, que significa... 

Lo que hacemos es escribir cartas que hablan de todo eso, de lo que vivimos, de lo que sentimos, de lo que nos da esperanza, de que existimos hoy en este tiempo y en este lugar, las metemos en botellas verdes y las lanzamos al mar, a ver si hay un alguien por ahí que pueda verlas y les signifique, que les provoque algo, se sienta que no es el único, que hay un otro que también existe, y eso creo nos hace mas humanos.

Las humanidades es lo que hacen, reflejan, cuestionan, proyectan la realidad, invitan a pensar, a reflexionar, a sentirse a sí mismos en un momento, en aras de sacudirnos y mirar hacia adelante, a encontrar respuestas a nuestros problemas humanos aun en nuestra caótica realidad, de revalorar y construir con lo que hay. Nos invita a enamorarnos y vivirnos así, a seguir tirando para delante, en eso se van nuestras vidas en eso se extinguen, aun como dicen cueste la vida misma sobrevivir de ello para fines prácticos, pues vivir de esto es realmente muy difícil, esta de locos, pero llegas a un punto en donde ya no te entiendes sin hacerlo, sin querer dejar de vivir, de enamorarte, de construir nuestras propias estaciones,  y es que uno a veces se encuentra sin desear dejar de contar historias, es otra manera de abrir los sentidos e invitar siempre a abrirlos, así sin mas dejando constancia de que todo esto existe...


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